We Have Been Believers
© 2024 by Alice Walker
It is painful to see how hopeful many Americans remain: that somehow, someone they vote for, between the only two parties they know anything about, will make America safer, happier, more comfortable and at ease for them and their children. We used to believe this, in the Sixties, almost desperately. Fannie Lou Hamer’s heart was broken when she realized it was a dream; close to the one Martin Luther King was talking about. I grew up in the South, where we lived half a heartbeat from homelessness. My poor father humbled himself on an almost daily basis to assure food, clothing, education, and somewhere for his family to live.(Sharecropping was slavery without benefits). I think of him each time I encounter the streets of Oakland, California where I choose to live my infrequent city life: the homelessness of people of all colors rampant, but overwhelmingly black. In their faces I see a hopelessness equal only to the despair of knowing they live in a country that cares nothing for them, and that they can be swept off the streets and from under the freeways, at any time, like so much trash.
Our schools were substandard in the South; we were not supposed to understand how anything, and certainly not politics, worked. Fortunately, because of segregation/apartheid, brutally enforced, we could not avoid knowing the system was rigged in favor of whites. And not even all whites, just those with land, money, power, and a bit more education than the poorer whites who were charged with keeping black people in line.
We have been a hopeful people. And I love us for that. It is such a beautiful expression, hopefulness, to catch in someone’s glistening eyes. Yes, as Margaret Walker’s poem says: “We have been believers.” But perhaps the time has come, in reality it is past due, for us to let go of fantasy.
We have been believers believing in our burdens and our
demigods too long. Now the needy no longer weep and
pray; the longsuffering arise, and our fists bleed
against the bars with a strange insistency.~MWHow hard will it be to let go of what we have not had? A dream that a looming third world war might erase in an instant? While we mourn, distracted by a genocide that all our love and effort could neither end, nor prevent. Maybe not as hard as we think. Hundreds of thousands of our children, those sent off to fight wars in places they’d never heard of, are already gone beyond both dream and disillusionment. Thousands are in prison; brutalized there in ways unimaginable to the aunties and grandparents who helped raise them. Maybe rousing ourselves from dreams is the first thing we can do. Seeing what is before us. How easily we have been played.
The diabolical trickery of it.
Bamboozled. That could be a good word for us. It would hurt, applying it, but it would also make us laugh. Because, that is us. Our sense of despair smacked sideways by anything we find funny.
Once I was informed that on prosperous cotton plantations during slavery, one row of cotton might be a mile long. The image of a black mother or father, or child, myself, bent over a hoe, tackling the field lives in my consciousness. A testament to dogged endurance, yes, but also of determination to complete the task.
And what is it our task to achieve in America, land of the free: Liberation.~aw
HEMOS SIDO CREYENTES
Es doloroso observar lo esperanzados que permanecen muchos estadounidenses: que de alguna forma, alguien por el que voten, de entre los dos únicos partidos que conocen, hará que los Estados Unidos sea más seguro, más feliz, más cómodo y agradable para ellos y sus hijos. Solíamos creer esto, en los años sesenta, casi desesperadamente. A Fannie Lou Hamer se le rompió el corazón cuando se dio cuenta de que era un sueño; cercano a aquel de que hablaba Martin Luther King. Crecí en el sur, donde vivíamos a medio paso de la falta de vivienda. Mi pobre padre se humillaba casi a diario para asegurar comida, ropa, educación y un lugar para vivir para su familia (la aparcería era una esclavitud sin beneficios). Pienso en él cada vez que me encuentro en las calles de Oakland, California, donde elijo vivir mi infrecuente vida urbana: la creciente falta de vivienda para personas de todos los colores, pero abrumadoramente negras. En sus rostros noto una desesperanza solo igual al desespero de saber que viven en un país que no se preocupa nada por ellos y que pueden ser barridos de las calles y de debajo de los puentes en cualquier momento, como si fueran basura.
Nuestras escuelas eran deficientes en el Sur; se suponía que no entendiéramos cómo funcionaba nada, y menos aún la política. Afortunadamente, debido a la segregación/apartheid, impuesta cruelmente, no pudimos dejar de saber que el sistema estaba manipulado a favor de los blancos. Y ni tan siquiera todos los blancos, sino aquellos con tierra, dinero, poder y un poco más de instrucción que los blancos más pobres, a quienes se les encargó mantener a raya a los negros.
Hemos sido un pueblo esperanzado. Y nos amo por ello. Es una expresión tan hermosa, la esperanza, captarla en los ojos brillantes de alguien. Sí, como dice el poema de Margaret Walker: “Hemos sido creyentes”. Pero tal vez haya llegado el momento, en realidad ya fuera de tiempo, de que dejemos a un lado la fantasía.
Hemos sido creyentes
creyendo en nuestras cargas
y en nuestros
semidioses demasiado
tiempo. Ahora los necesitados ya no lloran
ni
oran; la paciencia surge y nuestros puños
sangran
contra las
rejas con una extraña insistencia. ~MW
¿Cuán difícil será dejar lo que no hemos tenido? ¿Un sueño que una inminente tercera guerra mundial podría borrar en un instante? Mientras lloramos, distraídos por un genocidio que todo nuestro amor y esfuerzo no podría poner fin ni prevenir. Quizás no sea tan difícil como pensamos. Cientos de miles de nuestros hijos, esos enviados a pelear en guerras en lugares de los que nunca habían oído hablar, ya han superado tanto el sueño como la desilusión. Miles están en cárceles; atropellados allí de formas inimaginables para las tías y los abuelos que ayudaron a criarlos. Tal vez despertarnos de nuestros sueños sea lo primero que podamos hacer. Viendo lo que tenemos delante. Lo fácil que nos han engañado.
El engaño diabólico de esto.
Engañados. Esa podría ser una palabra adecuada para nosotros. Dolería aplicarla, pero también nos haría reír. Porque eso somos nosotros. Nuestro sentimiento de desesperación se ve afectado por cualquier cosa que nos parezca divertida.
Una vez me informaron que en las prósperas plantaciones de algodón durante la esclavitud, una hilera de algodón podía tener una milla de largo. La imagen de una madre, un padre o un niño negros, o de mí misma, inclinados sobre una azada, enfrentándose al campo, vive en mi conciencia. Un testimonio de resistencia tenaz, sí, pero también de determinación para completar la tarea.
¿Y cuál es nuestra tarea a lograr en Estados Unidos, tierra de los libres: la Liberación? ~AW