On Nolan, Nolan Xavier Wells and All children are our responsibility.
On Nolan
Nolan Xavier Wells was a seriously good-looking young man. A perfect blend of his handsome dark father and his very cute, curly haired, bright-skinned mother. He was already integrated, as most people of color are, and so the leap to having white companions must have seemed barely a bump to him. Most black people in America have integrated the world within their own families, and so it is a challenge, sometimes, while young, to understand why not all people have access to this experience. We didn’t choose it, but we’ve had cause to work with it long enough to know that living together peacefully, whatever the colors, can be done. A gift we offer to the world.
I have been weeping right along with the black, brown, red, yellow, and white integrated people of Mississippi. Glad that Rev. Ed King, who died last week, and who had worked most of his life to inspire love and hope in the people of Mississippi, was not, as he died – “comfortably” according to reports (a description I treasure) – required to witness a scene that looks very much like the part of the play many of us who lived and worked in the Mississippi Movement in the Sixties came to know by heart. Many have heard of “the three missing Civil Rights Workers” who were eventually found buried in a dam, but of the countless other bodies found while looking for them, there has seemed little point. Most had already decomposed and become unrecognizable.
My favorite brother, William Walker, “Bill,” left the South as a teen-ager and never returned, though both of his sons now reside in Atlanta. I count this as a victory. That though I also cannot live in the South, after seven years in Mississippi, there are black people who can, and do, and should. It is beautiful, for the most part, and our Indigenous roots are there. Not to mention our blood, sweat and tears. Also our brave and beautiful dead. But Bill, he could never return. Because he had witnessed a murder. I did not know this, for many years. And I am not entirely sure I received the story – in bits and pieces over decades – exactly straight. What I gleaned was enough to help me understand my brother better and since he was my favorite brother and as close to me as my own heart, I was thankful to know what was to him, a heavy burden; and for too long a secret.
Why a secret? Because some observations about human beings can damage us. Which is a bind many parents are caught in. The story was: These white men, Klansmen without their robes, had severely beaten a black man, but having no rope with which to hang him, they devised the perfect solution to make his death seem an accident. Loggers, with a dumping device on their logging truck, they placed him where the load was to be dumped and pulled the lever. I do not know how my brother came to witness this. I do not know the depth of his fear and trauma. What I do know is that “the great migration” of earlier black people from the South to the North was sparked by events such as this.
I think there are probably secret societies, today, in the Southern States, whose members are devoted to “honoring” their horrific past of destruction of black life. That parents, both black and white, and red, should make themselves aware of this possibility. Evil does not die easily and it certainly has a known track record of ignoring laws.
How to teach our children whom to trust?
What I remember from my own childhood within a black community is that I was not afraid of the occasional white person I saw, though mystified that they were all the same color, never yellow or beige or brown. If my parents feared the white landowners they were bound to obey, they made a great effort to conceal it. So that white people – always beings clearly outside our community and ignorant of it on many levels, remained until my own teen-age confrontations with them, almost ghostly. Existing behind a screen they themselves had erected but which my parents and other black people respected absolutely. White people did not seem real.
They did not seem even to have a scent. Now I realize this lack of scent was partly because black people were the ones sweating and doing all the work. But as a child, what a mystery!
And so, Nolan. Go on, my handsome young brother, son, child, ache of my aging heart. We who love you have travelled this road before. The road of communal sorrow. If there is consciousness after death, in any form – and who knows what awaits us after we leave Earth’s wonderland – know we see what it was that marked you: beauty, graciousness, friendliness. An openness of spirit that we pray will be recognized and cherished in whatever new world you find yourself. Perhaps our embodied time on Earth is but preparation for the deeper journey into Forever. I feel this way, often.
I send my love to your parents. And an embrace that encircles all of us; for as long as forever might be. ~aw
SOBRE NOLAN
Nolan Xavier Wells era un joven genuinamente bien parecido. Una perfecta mezcla de su apuesto padre de piel oscura y su muy linda madre, de cabello rizado y piel clara. Él ya se hallaba integrado —como lo está la mayoría de las personas de color—, por lo que el salto a tener compañeros blancos debió de haberle parecido apenas un bote menor. La mayoría de los negros en los Estados Unidos han incorporado el mundo dentro de sus propias familias; por eso resulta un reto, a veces, siendo jóvenes, comprender por qué no todo el mundo tiene acceso a esta experiencia. Nosotros no la escogimos, pero hemos tenido razón para ocuparnos con ella el tiempo suficiente para aprender que convivir en paz, independientemente del color de piel, puede ser posible. Es un regalo que ofrecemos al mundo.
He estado llorando justo al lado de gente negra, morena, roja, amarilla y blanca, integrada de Mississippi. Me alegra que el reverendo Ed King, que muriera la semana pasada y que había trabajado casi toda su vida en infundir amor y esperanza en la gente de Misisipi, no se le pidiera, al morir –“tranquilamente”, según el parte, una calificación que aprecio mucho–que presenciara una escena que se asemeja mucho a aquella parte de la obra que bastantes de nosotros, que vivimos y trabajamos en el Movimiento de Misisipi durante los años sesenta, llegamos a saber de memoria. Muchos han oído sobre los «tres activistas de los derechos civiles desaparecidos», que finalmente fueron hallados enterrados en una presa, sin embargo de los incontables cuerpos encontrados mientras se buscaba a esos tres al parecer se le ha dado poca importancia. La mayoría ya se hallaban descompuestos y resultaban irreconocibles.
Mi hermano preferido, William Walker, Bill, abandonó el Sur siendo adolescente y nunca regresó, aunque sus dos hijos residen ahora en Atlanta. Considero esto una victoria: que aunque yo tampoco puedo vivir en el Sur, después de siete años en Misisipi, hay personas negras que pueden hacerlo, lo hacen y deben hacerlo. Es una tierra hermosa en gran medida, y nuestras raíces autóctonas están allí. Por no hablar de nuestra sangre, nuestro sudor y nuestras lágrimas. Al igual que nuestros valientes y hermosos difuntos. Pero Bill nunca pudo regresar. Porque había sido testigo de un crimen. No supe de esto por muchos años. Y no estoy totalmente segura de haber escuchado la historia —a retazos durante décadas— con exactitud. Lo que pude deducir fue suficiente para ayudarme a comprender mejor a mi hermano y, como era mi hermano preferido y tan cercano a mí como mi propio corazón, me sentí agradecida de saber lo que supuso para él una pesada carga y, por demasiado tiempo, un secreto.
¿Por qué un secreto? Porque ciertas opiniones sobre los seres humanos pueden hacernos daño. Es un trance en el que muchos padres se ven atrapados. La historia era esta: unos hombres blancos —miembros del Klan pero sin sus túnicas— habían golpeado bestialmente a un hombre negro, pero al no tener una cuerda con que colgarlo, concibieron que la solución perfecta era hacer que pasara por un accidente. Siendo leñadores, que tenían un mecanismo de descarga en su camión; colocaron al hombre donde la carga debía echarse y accionaron la palanca. No sé cómo mi hermano llegó a presenciar eso. No conozco la hondura de su miedo y de su trauma. Lo que sí sé es que «la gran migración» temprana de población negra del Sur hacia el Norte fue desencadenada por sucesos como este
Creo que probablemente existan, hoy día, sociedades secretas en los estados del sur, cuyos miembros se dedican a «honrar» su terrible pasado de eliminación de vidas negras. Los padres —ya sean negros, blancos o rojos— deberían desarrollar consciencia de esta posibilidad. El mal no muere fácilmente y, realmente, tiene un historial conocido de ignorar las leyes.
¿Cómo enseñar a nuestros hijos en quien confiar?
Lo que recuerdo de mi propia infancia en una comunidad negra es que no sentía miedo de las ocasionales personas blancas que veía, aunque me desconcertaba que todas fueran del mismo color: nunca amarillas, ni beige, ni marrones. Si mis padres temían a los terratenientes blancos a quienes estaban obligados a obedecer, hacían un gran esfuerzo por ocultarlo. De manera que las personas blancas —seres siempre evidentemente ajenos a nuestra comunidad y que la desconocían en muchos aspectos— permanecieron hasta mis propios enfrentamientos de adolescente con ellas, casi como fantasmas. Vivían tras una barricada que ellos mismos habían erigido, pero que mis padres y los demás negros respetaban totalmente. Las personas blancas no parecían reales.
Parecía que ni siquiera tenían olor. Ahora me percato de que esa falta de olor se debía en parte a que eran las personas negras quienes sudaban y realizaban todo el trabajo. Pero, de niña, ¡qué misterio!
Así que que Nolan, sigue adelante, mi joven y apuesto hermano, hijo, niño, dolor de mi corazón que envejece. Nosotros que te amamos ya hemos transitado este camino antes. El camino del sufrimiento compartido. Si existe conciencia tras la muerte, en cualquier forma —y quién sabe qué nos espera después que dejemos la maravilla de la Tierra—, sabe que vemos aquello que te distinguió: belleza, gentileza, cordialidad. Una apertura de espíritu que rogamos sea reconocida y valorada en cualquiera que sea el nuevo mundo donde te encuentres. Tal vez nuestro tiempo encarnado en la Tierra no sea más que una preparación para el viaje más profundo hacia la Eternidad. Así lo siento a menudo. Envío mi cariño a tus padres. Y un abrazo que nos englobe a todos; dure lo que dure la eternidad. ~aw ***
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Todos los niños son responsabilidad nuestra, de los adultos del planeta. Benditos la gente de Irán, sus dirigentes, sus maestros, sus familiares y la propia tierra de Irán. Todos inestimables a los ojos de Lo Más Alto, que es el Amor. ~aw



