En español, Las novelas de Julie Otsuka

Julie Otsuka’s Novels

©2018 by Alice Walker

 

Julie Otsuka’s novels The Buddha in the Attic and When the Emperor Was Divine were given to me by a Japanese-American friend who knew of my interest in Japanese history and culture.  I had been intrigued years earlier by her account of her family’s forced “internment” in an American concentration camp, during World War II. 

What happened to Japanese -Americans during that war, uprooted and forced to relocate in barren deserts, and other such desolate places, is an unknown among most Americans. Partly this is because the Japanese- Americans, ashamed to have been treated so badly by white, European- Americans, rarely, if ever, wanted members of their communities to talk about it.  But also, there was, there must have been, the belief that the suffering and humiliation they endured would eventually be forgotten.

There is a suffering – especially when coupled with humiliation – that goes so deeply into the soul that it can never be forgotten.  It must be faced. And, a place must be found for it.  That is what Julie Otsuka does in these two extraordinary books.  She shows us what happened, the horrible treatment of the Japanese -American cooks and nannies and houseboys and gardeners, as well as the teachers, doctors, lawyers, and mothers and fathers and girls and boys, when the United States government decided that all yellow people were spies for the emperor of Japan. These overnight “enemy aliens” were perceived to represent a danger to their new country, and were deprived of goods and livelihoods and shipped off to parts of the country most of them had never known or even imagined. For years.

In their slender elegance – matched by a restrained, if tough and invincible pride of heritage -– these books represent a literary monument to all who were abused, all who suffered physical and spiritual wounds, all who managed to rise again, and all who fell.  

Every word, chosen by Otsuka as carefully as if it were a flower, is laid on an altar of literary beauty, so that those who endured and those who could not, might know, if only through their descendants, that they have been remembered in just the right way, and may rest.

There are times one feels so grateful to be part of one’s profession; in this case, that of writer; that this world, for all its heartache, seems the right place to cast one’s lot.

 

 

 

Las novelas de Julie Otsuka

© Alice Walker 2018

Las novelas de Julie Otsuka The Buddha in the Attic (El Buddha en el ático) y When the Emperor Was Divine (Cuando el Emperador era divino) me las regaló una amiga japonesa-americana que sabía de mi interés por la historia y la cultura japonesas. Estuve intrigada durante años por su exposición del “internamiento” forzado de su familia en un campo de concentración norteamericano durante la
II Guerra Mundial.

Lo que aconteció a estos japoneses-americanos durante esa guerra, desarraigados y obligados a reasentarse en áridos desiertos y otros lugares desolados es algo desconocido entre la mayoría de los norteamericanos. En parte esto se debe a que los japoneses-americanos, avergonzados de haber sido tan mal tratados por europeos-americanos blancos, raramente, si acaso, quisieron que los miembros de su comunidad hablaran de esto. Pero también existía, debe haber existido, la creencia de que el sufrimiento y la humillación que soportaron finalmente quedarían olvidados.

Hay un sufrimiento —en especial cuando se une a la humillación— que penetra tan hondo en el alma que no puede nunca olvidarse. Debe ser enfrentado. Y debe hallarse un lugar para ello. Eso es lo que hace Julia Otsuka en estos dos libros extraordinarios. Nos muestra lo que sucedió, el horrible trato a las cocineras y niñeras japonesas-americanas, a los sirvientes y jardineros, así como a los maestros, doctores, abogados, madres y padres, niñas y niños, cuando el gobierno de los Estados Unidos determinó que todas las personas de piel amarilla eran espías del Emperador de Japón. De la noche a la mañana, estos “extranjeros enemigos” se vieron como la representación de un peligro para su nuevo país y fueron privados de sus bienes y medios de subsistencia y enviados a lugares del país que la mayoría de ellos nunca había conocido o incluso imaginado. Por años.

En su fina elegancia —combinada con un moderado, si bien tenaz e invencible orgullo de su herencia— estos libros representan un monumento literario a todos aquellos que fueron maltratados, todos los que sufrieron heridas físicas y espirituales, todos los que se las arreglaron para levantarse de nuevo y todos los que cayeron.

Cada palabra escogida por Otsuka, tan cuidadosamente como si se tratara de una flor, es colocada en un altar de belleza literaria, de modo que los que resistieron y los que no lo hicieron puedan saber, aunque sea por sus descendientes, que han sido recordados de manera adecuada y que pueden descansar.

Hay ocasiones en que uno se siente muy agradecido de formar parte de la profesión de uno; en este caso, la de escritor; que este mundo, a pesar de su dolor, parece el lugar correcto para dedicarle nuestro ser.

 

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