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Lesson:  Never Wander Into the Marketplace
After a Silent Retreat.
Or During.  Which Is What I Just Did.

Copyright ©2018 by Alice Walker
Perplexed by signs for “bookstore” and finding none, I wandered once again down the path beside the new community building.  I saw folks going in. I had wondered about the lineup of small Buddhas outside the building.  Of course! The bookstore and market!  In I went. Not thinking this was not wise to do on day five of a weeklong silent retreat.

I found so many lovely things inside!  Spring’s book!  Larry’s book!  Prayer flags!  So many lovely things – and of course I chose many!

But then I looked in vain for a salesperson.  None appeared! I went here and there!

Finally I realized there was – this being the up to date commercial age- no sales person! I saw the instructions for how to pay for my purchases by myself.  I found them extremely complicated.  My spaciness?  Yes, but also, my kind of mind. Not good with gadgets and especially intimidated by financial questions and the tapping of machines to “wake them up” at nine o’clock in the morning!

Oh, I tried! And I am glad I made the effort. At least I was not defeated without some attempt to comprehend the machine. To its credit (no pun) it’s written message said plainly: “I prefer cash and checks.” Forgetting I had cash, though no checks, I endeavored the plastic route.  No dice.  I was royally frustrated within minutes!

I decided to save myself complete meltdown and wrote a note (hopefully) to management:  “This is too complicated by far.  Where is the humanity in this? (Envisioning marketplaces in other parts of the world with kids and their grandparents and maybe even a goat or two around.)  Or the sales, for that matter?” – I signed, and left all my lovely, would -be purchases on the counter.

Came up the hill to meditation in something of a huff.  Went straight to the Forgiveness dharma talk by Larry Yang in which he seemed to have watched the entire situation in the bookstore. Especially my somewhat sour (I bet!) glance at the smiling woman at the entrance of the building.  Poor thing!  What clue could she have had?

Anyway, a teaching about exchanging self for other.  In other words, lighten up, not tighten up! And don’t go shopping in the middle of a silent retreat!

***

This was all settled beautifully of course.  As I was leaving the retreat with a friend she suggested we go inside the bookstore and re-select my would-be purchases. She was handy handling machines, she said.  Her interaction with post- modernity up to date! In fact, they were all still on the counter, just where I left them! I bought two copies of Spring Washam’s amazing book, A Fierce Heart, and two of Larry Yang’s bedrock of a Buddhist book for communities of color: Awakening Together: the Spiritual Practice of Inclusivity and Community.  I got my Tibetan prayer flags, because by now all my old flags are gray and torn, literally shredded by the wind.

The book I hadn’t expected to carry me off, that I bought mainly because I love Taoist poetry, is beside me now as I type:  The Activist’s Tao Te Ching:  Ancient Advice for a Modern Revolution  by William Martin.  Rarely has a book touched so directly the places this revolutionary and poet needed, these days, to be touched.

Listen to this:

Silence 

Noise confounds our leaders.
They don’t know what to do.
Scurrying this way, then that,
they never find the silent Tao
within.
If they could find that silence,
the country would transform itself.
Simplicity and freedom from desire
would become the natural way,
and destructive habits would fall away,
replaced by patient compassion for all life.

Leaders will never find that silence while serving the current system.  Since dollars have become speech, the noise has overwhelmed all possibility of silence. No one in leadership has ears to hear the quiet among the cacophony of special interests. New systems must be founded on a stillness, a serenity where decisions can be considered from a place of wisdom, not from urgency or expediency.  Of course, we can’t form such systems until we find a silent place within ourselves.

-William Martin

Shopping while pursuing peace definitely interferes with finding this silent place. -AW

 

Una Leccion: Nunca Vayas Por El Mercado
Tras Un Retiro de Silencio.
O Durante Este.  Que es Lo Que Yo Hice.

©Alice Walker 2018

Desconcertada por anuncios de “librería” y al no hallar ninguna, deambulé una vez más por el sendero junto al nuevo edificio comunitario. Vi personas entrando. Había paseado cerca de la hilera de pequeños Budas fuera del edificio. ¡Claro! ¡La librería y el mercado! Entré. No pensé que no era inteligente hacer esto al quinto día de un retiro de silencio de una semana.

¡Encontré tantas cosas bonitas dentro! Libros de Spring. Libros de Larry. Banderas de oración. ¡Tantas cosas bellas y por supuesto elegí muchas!

Sin embargo, después busqué en vano por un dependiente. ¡No apareció ninguno! Fui de un lado a otro.

Finalmente me percaté de que se trataba de esto de la era comercial actual: ningún vendedor. Vi las instrucciones de cómo pagar mis compras por mí misma. Las hallé excesivamente complicadas. ¿Mi ingenuidad distracción (vacío)? Sí, pero también mi tipo de mentalidad. No soy buena con aparatos y en especial me intimidan las cuestiones financieras y los golpecitos a las máquinas para “despertarlas” a las nueve de la mañana.

¡Ay, lo intenté! Y estoy feliz de que hice el esfuerzo. Al menos no fui derrotada sin algún intento por comprender a la máquina. Para su crédito (no es un juego de palabras), el mensaje escrito decía claramente: “Prefiero dinero en efectivo y cheques”. Olvidando que yo tenía efectivo, aunque no cheques, intenté con la ruta plástica. No hubo manera. ¡Quedé olímpicamente frustrada en minutos!

Decidí redimirme de mi completa falla y escribí una nota (esperanzada) a la administración: “Esto es complicado en exceso. ¿Dónde está lo humano en esto? (Imaginando mercados en otras partes del mundo con niños y sus abuelos y quizás hasta una cabra o dos alrededor) o las ventas en realidad?” La firmé y dejé toda mi supuesta bonita compra sobre el mostrador.

Subí la cuesta hacia la meditación con algo de enfurruñamiento. Fui directamente a la charla de Larry Young sobre el dharma del perdón, en la cual parece que él hubiera presenciado la situación completa en la librería. Especialmente mi mirada algo agria (seguro) a la mujer sonriente a la entrada del edificio. ¡Pobre persona! ¿Qué indicio podía ella tener?

De cualquier modo es una enseñanza sobre el cambiar el ser propio por otro. En otras palabras, ¡aligérate, más que apriétate! Y no vayas de compras en medio de un retiro de silencio.

***

Todo esto se solucionó hermosamente por supuesto. Mientras dejaba el retiro con una amiga, ella me sugirió que entráramos a la librería y volviera a escoger las cosas que iban a ser mis compras. Estaba práctica en el manejo de máquinas, me dijo. ¡Era su interacción con la posmodernidad al día! De hecho, todas las cosas estaban todavía en el mostrador, exactamente donde las había dejado. Compré dos copias del asombroso libro de Spring Washam: A Fierce Heart: Finding Strength, Courage, and Wisdom In Any
Moment (Un Corazón Enérgico: El Encuentro de Fuerza, Coraje y Sabiduría en Cualquier Momento) y dos del libro de Larry Yang, piedra basal de budismo para las comunidades de color: Awakening Together: the Spiritual Practice of Inclusivity and Community (Ganar Conciencia Juntos: La Práctica Espiritual de la Inclusividad en La Comunidad). Conseguí mis banderas de oración tibetanas porque en este momento mis viejas banderas están grises y raídas, literalmente hechas tiras por el viento.

El libro que yo no esperaba que me atrapara, que compré básicamente porque me encanta la poesía taoísta, se halla ahora junto a mí mientras escribo: The Activist’s Tao Te Ching:  Ancient Advice for a Modern Revolution ( El Tao Te King del Activista: Antiguos Consejos para Una Revolución Moderna), de William Martin. Raramente un libro había tocado tan directamente los lugares que esta revolucionaria y poeta necesitaba, en estos días, que le tocaran.

Escuchen esto:

Silencio

El ruido confunde a nuestros líderes.
Ellos no saben qué hacer.
Correteando por aquí y luego por allá,
nunca encuentran el silencioso Tao adentro.
Si pudiesen hallar ese silencio,
el país se transformaría por sí mismo.
La sencillez y la liberación del deseo
se convertirían en la forma natural
y los hábitos destructivos se disiparían
reemplazados por la paciente compasión hacia toda vida.

Los líderes nunca encontrarán ese silencio mientras sirvan al sistema en curso. Como los dólares han devenido el lenguaje, el ruido ha aplastado toda posibilidad de silencio. Nadie en un cargo tiene oídos para oír el silencio en medio de la cacofonía de los intereses especiales. Nuevos sistemas deben ser fundados sobre una quietud, una serenidad en que las decisiones puedan considerarse desde una posición de sabiduría, no desde la urgencia o la conveniencia. Por supuesto, no podemos formar tales sistemas hasta que no hallemos un lugar silencioso dentro de nosotros.

William Martin

Ir de compras mientras se busca la paz definitivamente interfiere con el encuentro de ese lugar silencioso. A.W.

Mientras tanto: Justo he acabado de leer Fire and Fury, the Trump White House (El fuego y la furia, dentro de la Casa Blanca de Trump) de Michael Wolff. Es profundamente perturbador y de modo positivo profundamente importante. No podremos sobrevivir a esta debacle, pero encomio el arte del escritor, su coraje y su buena voluntad de alertar a la humanidad.

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