NUESTRAS VIDAS ERRANTES: IDEAS SOBRE EL COLOR PÚRPURA

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Word that the Texas prison system has banned The Color Purple this week, made me wish to share the thoughts below.  I am off to a silent retreat in hopes of “re-setting” myself. Otherwise I would have found a great picture to go with this!  Well, imagine your family, with all the wild and woolly ones showing up, after years of  absence,  sitting on the front porch, admiring each other’s astonishing lives!  ”Strange” adventures can be so entertaining and how we learn!

The musical is on the road.

AW

 

Our Wandering Lives:  Thoughts About The Color Purple

Published recently in the Boston Globe
©2017 by Alice Walker

My most free-spirited niece, who was born in Boston, thanked me recently for writing The Color Purple.  She said it gave her a sense of our family, though of course much of that family is imagined rather than literal.  In particular, she said, it made her feel more loving toward her wayward leaning self.  She could witness “aunts” in The Color Purple who made perfect ancestral material for the person she is.  This was lovely to hear.  One of the values of family knowing itself is that loneliness is decreased, mysteries explained; company for one’s journey on this planet thankfully acquired.

Not having grown up in the South as I did, my niece knew almost nothing of the strong connections that existed, in the last century, especially between her grandmother, my mother, and her five sisters and six brothers.  Never experienced as a child the huge gatherings of clan that gave small children a sense of belonging and familial security.

These gatherings were a special blessing to every young child. Though, with so many uncles and aunts and cousins descending on the family at least once a year, it was a challenge to understand just exactly who each person was.  It didn’t really matter, in a way, since it was the collective -so many aunts and uncles and cousins to wonder about and to enjoy! – that made each gathering special.

In a way, The Color Purple asks:  Can a family fall completely apart – whether from alcoholism, child abuse, poverty, racism, violence, sexism, homosexuality (which would have seemed to be a negative in the days the book depicts) – and still reconstitute itself primarily through the efforts of the one member who begins to see the value of each participant?  Can we find the thrown away or broken parts of ourselves, and reclaim and fix them?

The ending of the movie of The Color Purple was disheartening to me, because I realized the editor of the film did not share my faith that family is actually like any other living organism that will forever seek missing parts of itself.  “Mister” who has been so cruel to others because his father was cruel to him, is not allowed to grow, in the movie, to the full extent of his recovery.  He wanders off, at the end, outcast from the family that he has harmed so deeply.

The play restores him to the family as the book intended.  And answers the question we all must ask of our families and communities in these times that are so challenging to the spirit of us all.

At the end of our wandering lives, when each of us has fulfilled the dictates of our own natures as best we could, might we, as families, return to sit together on the same porch?

With all my heart I am hoping the answer is yes.

Alice Walker

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NUESTRAS VIDAS ERRANTES: IDEAS SOBRE EL COLOR PÚRPURA

the color purple cynthia erivo joaquina kalukango alice walkers garden

La noticia de que esta semana el sistema penitenciario de Texas ha prohibido El color púrpura me llevó a desear compartir los pensamientos que siguen. Me encuentro alejada en un retiro de silencio con la esperanza de “reprogramarme”. Si no fuera por eso hubiera buscado una gran foto para que acompañara esto. Bueno, ¡imaginen a su familia, con todos sus alocados y despistados, que aparecen, tras años de ausencia, sentados en tu portal admirándose unos a otros de sus asombrosas vidas! Las “extrañas” aventuras peden ser muy entretenidas y ¡cuánto aprendemos!

El musical está en camino.

A.W.

 

NUESTRAS VIDAS ERRANTES: IDEAS SOBRE EL COLOR PÚRPURA

Publicado recientemente por el Boston Globe

©2017 Alice Walker

Mi sobrina de espíritu más libre, que naciera en Boston, me agradeció recientemente por haber escrito El color púrpura. Dijo que le ofrecía una idea de nuestra familia, aunque, por supuesto, bastante de esa familia es ficticio más que literal. Particularmente, dijo, la hizo sentir más apegada hacia su ser inclinado a lo indócil.  Podía encontrar “tías” en El color púrpura que formaban un material perfectamente familiar a la persona que ella es. Era encantador escuchar esto. Uno de los valores de que la familia se conozca a sí misma es que se reduce la soledad, los misterios se explican; la compañía para el viaje de uno por este planeta se consigue agradecidamente.

Al no haber crecido en el Sur como lo hice yo, mi sobrina casi no sabía nada sobre los fuertes vínculos que existían, en el siglo pasado, especialmente entre su abuela, mi madre y sus cinco hermanas y seis hermanos.  Nunca experimentó de niña las enormes reuniones del clan que les brindaban a los pequeños niños un sentido de pertenencia y de seguridad familiar.

Estas reuniones eran una bendición especial para cada niño. Aunque, con tantos tíos, tías y primos que caían sobre la familia al menos una vez al año, era un reto comprender con exactitud quién era cada persona. Realmente eso no importaba, de cierta forma, pues era el colectivo –¡tantos tías, tíos y primos en quienes pensar y con los que divertirse! – lo que hacía cada reunión especial.

De cierta forma,  El color púrpura se pregunta: ¿Puede una familia deshacerse completamente bien sea por el alcoholismo, el abuso infantil, la pobreza, el racismo, la violencia, la intolerancia sexual, el homosexualismo (que habría parecido ser algo negativo en la época que el libro describe) y aun así reconstruirse gracias a los esfuerzos de aquel miembro que empieza a reconocer los valores de cada integrante? ¿Podemos hallar las partes nuestras botadas o rotas, recuperarlas y arreglarlas?

El final de la película basada en El color púrpura fue descorazonador para mí, porque me percaté de que el editor del filme no compartía mi fe en que la familia es en verdad como cualquier otro organismo vivo que perennemente buscará las partes de él que le faltan. A “Mister”, que ha sido muy cruel con los otros porque su padre fue cruel con él, no se le permite, en el filme, crecer hasta el punto de alcanzar su recuperación. Él se marcha con desánimo, al final, expulsado por la familia que tan profundamente ha lastimado.

La versión teatral lo devuelve a la familia como proponía el libro. Y responde la pregunta que todos debemos hacernos sobre nuestras familias y comunidades en estos tiempos tan desafiantes para el espíritu de todos nosotros.

Al final de nuestras vidas errantes, cuando cada uno de nosotros ha cumplido los dictados de nuestras propias naturalezas tan bien como hemos podido, ¿podríamos, como familias, regresar a sentarnos juntos en el mismo portal?

De todo corazón espero que la respuesta sea sí.

Alice Walker

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