Large old green tree in field of flowers photo on Alice Walkers Garden

“Nigger”

In the Language of Love
(Turning a poison into medicine) ©2017 by Alice Walker

En Español 

NICHE*

EN LA LENGUA DEL AMOR
(HACIENDO MEDICINA DE UN VENENO)

©2017 Alice Walker

Para quienes nos recuerdan cómo funciona esto.

Muy pronto todos podríamos ser niches
un karma justo empieza
a llover sobre nosotros.
Quizá serás más feliz entonces
al hallar que puedes realmente
vivir de rodillas
y a veces hacer una canción
o inventar un baile.

Entre nuestra gente
durante la esclavitud y la segregación
conocida de otra forma como
el extenso periodo de eliminación de la identidad,
niche se tornó una palabra de vínculo, de auto-defensa,
un reclamo de solidaridad. Podía significar intimidad,
hermandad,
una invitación jovial o angustiosa a reconocer
el abuso compartido. Una terca postura.

También significaba,
después
de siglos de lucha
entre nosotros
y de destruir los clanes unos del otro
en una guerra tribal
en África,
que descubrimos, ¡A la mierda!, somos uno.

Entre nuestros estudiosos,
significa miles de años
de vida tribal
junto al río Niche
y la incapacidad de nuestros captores
para los acentos distintos a los suyos
tanto antes como ahora.

Los no-niches siempre han sido una espantosa aparición:
invadiendo tierras y cuerpos y llamando eso descubrimiento,
violando mujeres y niños,
cortando bebitos por la mitad
cuando no los daban a comer a los perros;
destrozando mundos,
matando todo lo viviente, solo por disfrute,
sin importarles nada que no pudieran engullirse, violar o vender.
Algunos de nosotros, mal criados, los llamábamos cerdos,
o más elegantemente,
basura. En todo caso no humanos, tal como los niches entienden
el término.
Imaginen: ¡nos enamoramos del propio suelo
donde nos esclavizaron
para destruirnos!
Notamos su fecundidad, sí,
pero igual su mágica fidelidad
¿No nos percatamos de que nunca nos pertenecería?

Protegimos los descendientes de nuestros dueños
como si fueran los nuestros.
¿Qué hacer con ese lastre?

Los no-niches nos hicieron cantar,
porque no sabían como hacerlo
o temían a los espíritus y bocas totalmente abiertos.
Los no-niches nos hicieron bailar,
porque sentían,
como si hubiesen nacido así,
vergüenza de moverse libremente.
Fueron los niches quienes les enseñaron a menearse.

Quemaron nuestros tambores, hicimos tambores
de nuestros cuerpos.

Soportamos un tipo de vida que los no-niches
se negaban a sí mismos.
Y ahora vemos cuán desvinculados
de la Naturaleza y aun del sentir, está la casta dominante,
de qué modo lo ha estado siempre,
aunque simule, en estos días tan traumáticos para todos,
que se preocupan de ambas cosas.

Devorarse el mundo y perderlo todo igual,
morir en la miseria del suicidio global,
¡cuando podías haber vivido feliz y largamente
como un niche tú mismo!
Alabando la vida, soportando la maldad
y la estupidez,
pero meneándote
por entre la miseria.

Qué mundo tan distinto hubiéramos tenido
si hubieras aprendido
a evitar, notar, compartir nuestro sufrimiento
antes que a ignorarlo, ridiculizarlo
o aprovecharse de él;
aprender y recordar
como valiosas
las hondas lecciones del alma
y de la existencia
que cuidadosamente
y con mucho dolor
niche tras niche
te enseñaban.

*Niche (nigger) es término despectivo para referirse a la persona negra.

 
 

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