El poema ESTOY AFLIGIDA POR FIDEL en Español

I AM GRIEVING FOR FIDEL

and for Raul

©2016 by Alice Walker
 
I am grieving
for Fidel; I am bereft
because he left us.

Yet, after decades
of offering support
to more doubtful
and less confident souls
who called to him from his own country
and around the suffering  globe
wasn’t it time for him to go?

It is the little child
who is sad.  The one who never wanted to say goodbye
to brothers gone off to find work
in the North;
or gone off to Europe and
Korea and later
Vietnam
to fight wars
against other poor people
they would never know.

The little child, who dreads
abandonment.

Do we ever outgrow the grief
of being left behind, while longing desperately
never to let go of the brother
who, before leaving,
spoke to us merrily
of our triumph in school and life
if only we worked hard and kept the faith?

The one who cracked jokes that made us laugh
and believe there might be
even for us,
a promised land.
Though we might groan and sniffle
and stumble on our way there.

And who, as naturally as a father teaching
a toddler to walk more gracefully,
never failed to hold out his hand.

 
 

ESTOY AFLIGIDA POR FIDEL

Y por Raúl

©2016 Alice Walker

Estoy afligida
por Fidel; estoy sola
porque él nos dejó.

Mas, tras décadas
de brindar apoyo
a almas más indecisas
y menos esperanzadas
que acudían a él desde su país
y desde todo el sufriente mundo,
¿no era ya tiempo de que se fuera?

Es el pequeño niño
el que sufre. El que nunca quiso decir adiós
a los hermanos que partieron a buscar trabajo
en el Norte, o que se fueron a Europa y
Corea y después a Vietnam
a pelear en guerras
junto a otros pobres
que nunca conocerían.

El pequeño niño que teme
al abandono.

¿Alguna vez superamos el dolor
de ser abandonados, mientras ansiamos desesperados
nunca dejar ir al hermano
que antes de irse nos habló feliz
de nuestro éxito en la escuela y la vida
si trabajamos duro y con fe?

Aquel que soltaba chistes que nos hacían reír
y creer que podría haber
incluso para nosotros
una tierra prometida,
aunque pudiéramos llorar y moquear
y tropezar en el trayecto.

Y que, tan naturalmente como un padre
que enseña a su niño a caminar más hábilmente,
nunca dejó de tenderle su mano.

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