December 9, 2016

El poema, UN BUEN DÍA PARA MORIR, en Español

Clouds in Northern California taken by Alice Walker called Like a Dragon 2016

 

A Good Day To Die

Copyright © 2016 by Alice Walker

the inner Standing Rock

There comes a time in life
when we realize it is okay to die.
Right now, like this, in this moment.
It is not suicidal this thought
but comes rather from a sense
of  completion.

It may come upon us
many times,
this sense of readiness,
if  we allow waves of awe to catch us
where we deeply live and remain fully there
to receive them.

I was sitting in the hot tub
this morning
tending my Sciatica
while pondering this.

It wasn’t the pain,
it was the sky.

Where I live and dream
in the slumbering hills
of  Northern California
there is something
a great brilliant fog in the morning
that collects itself into a thousand shapes
before it rolls and curls leisurely
over the tops of redwood trees
toward the not so distant,
not quite audible ocean
on the coast.

It is ” The Dragon”
of our neighborhood
and this morning
it was spectacular.

Dripping wet
clutching my towel
and my camera
I could not stop
taking pictures of it.
Or exclaiming aloud
in astonishment.

An hour later it is still there.
Unfurling its luminous tail,
meandering on,
scattering its
shimmering scales of foggy
soul
across a low and wet
dark blue and pewter sky.

And I am left breathless
in the bliss of being a Cosmic
Earthling.
My destiny to be
Everything
and Always to be.
Like water in the fog:
unbounded forever
and forever
never free.

 
 
UN BUEN DÍA PARA MORIR

© 2016 Alice Walter

La permanente roca interna

Llega un momento en la vida
en que uno percibe que está bien morir
justo ahora, como en este instante.
No es una idea suicida
sino que viene de un sentido
de completitud.

Puede sobrevenirnos
muchas veces
este sentimiento de estar listos,
si dejamos que olas de asombro nos agarren
allí donde vivimos hondo y donde permanecemos por completo
para acogerlas.

Estaba echada en la bañera caliente
esta mañana
cuidando de mi ciática
mientras meditaba en ello.

No era el dolor,
era el cielo.

Donde vivo y sueño
en las durmientes colinas
de Carolina del Norte
hay algo
una gran niebla brillante en las mañanas
que se agolpa en miles de formas
antes de rodar y encresparse sin prisa
sobre las copas de las secoyas
hacia el no muy distante
no muy perceptible mar
de la costa.

Es el “Dragón”
de nuestra vecindario
y esta mañana
estaba espectacular.

Goteando agua
agarré mi toalla
y mi cámara,
no podía dejar
de hacerle fotos
o de exclamar alto
mi asombro.

Una hora después aun está allí,
desplegando su cola luminosa,
serpenteando,
esparciendo sus escamas de
brumosa alma
a lo largo de un bajo y húmedo
cielo azul turquí y plomizo.

Y me quedo sin aliento
en la dicha de ser
una terrícola cósmica.
Mi destino de ser
Todo
y de ser Siempre.
Como agua y niebla:
sin límites por siempre
y por siempre
nunca libre.

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