NO DESESPERES en español

November 9 2016

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Don’t Despair

Copyright © 2016 by Alice Walker

When I was a child growing up in middle Georgia, I thought all white men were like Donald Trump.  They too seemed petulant and spoiled, unhappy with everything they were not the center of, brutal toward the feelings of those “beneath” them, and comfortable causing others to act out of hate.  How did we survive this?

I think of my father, a poor sharecropper with eight children, so desperate for change in a system that left his family in danger of starving that he walked to the polling place – a tiny, white owned store in the middle of nowhere – to cast the first vote by a black person in the county.  Three white men holding shotguns sat watching him, for niggers were not supposed to vote and they were there to enforce this common law.  My father voted for Roosevelt and a  “New Deal” he hoped would also apply to black people.

I come from a line of folks who chose to live or die on their feet.  My 4-Greats grandmother was forced to walk chained from a slave ship in Virginia, and carried two small children that probably weren’t hers all the way to Middle Georgia.  There she was forced to work for strange, pale people who could only have appeared to be demons to her.  She was given as a wedding gift to a young married couple when she was advanced in age; what the story of this event was is a mystery to this day. All we know is that she lived to bury all these people and that it is her who is remembered.

My aunts and uncles learned trades – tailoring, bricklaying, masonry, house-building – whatever was allowed for black people, and raised their children in homes of stability and even comfort, while the white world beyond their neighborhoods attempted to squeeze them into corners so tiny that to the majority of “citizens” of the cities they lived in, they did not even exist.

How to survive dictatorship.  That is what much of the rest of the world has had to learn.  Our country has imposed this condition on so many places and peoples around the globe it is naive to imagine we would avoid it.  Besides, do Native Americans and African American descendents of enslaved people not realize they have never lived in anything but a dictatorship?

In this election we did not really have a healthy choice, as is said in a commercial for something I vaguely remember.  Or, as a friend puts it: “‘the “choice” was between disaster and catastrophe.”‘ If this puzzles you, here is the next step of my counsel: Study.  Really attempt to understand the people you are voting for.  What are they doing when they’re not smiling at you in anticipation of your vote? Study hard,  deeply, before the Internet is closed, before books are disappeared.  Know your history and the ways it has been kept secret from you.  Understand how politicians you vote for understand your history better than you do; which helps them manipulate your generations. It is our ignorance that keeps us hoping somebody we elect will do all the work while we drive off to the mall.  Forget this behavior as if it were a dream.  It was.  In some way, many of us will find, perhaps to our astonishment, that we have not really lived until this moment.

Our surprise, our shock, our anger, all of it points to how fast asleep we were.

This is not a lament.  It is counsel.  It is saying:  We can awaken completely.  The best sign of which will be how we treat every being who crosses our path. For real change is personal.  The change within ourselves expressed in our willingness to hear, and have patience with, the “other.” Together we move forward.  Anger, the pointing of fingers, the wishing that everyone had done exactly as you did, none of that will help relieve our pain.  We are here now.  In this scary, and to some quite new and never imagined place. What do we do with our fear?

Do we turn on others, or toward others?  Do we share our awakening, or only our despair?

The choice is ours.

 

En español 

NO DESESPERES

Copyright © Alice Walker 2016

Cuando era una niña que crecía en el medio de Georgia, pensaba que todos los hombres blancos eran como Donald Trump. También parecían petulantes y consentidos, infelices con todo aquello de lo que no eran el centro, brutales hacia los sentimientos de los que estaban por “debajo” de ellos y sintiéndose cómodos al lograr que los otros actuaran por odio. ¿Cómo pudimos sobrevivir eso?

Pienso en mi padre, un pobre aparcero con ocho hijos, tan desesperado por un cambio en el sistema que puso a su familia en peligro de morir de hambre que caminó hasta el lugar de votación   ―una minúscula tienda propiedad de blancos en medio de la nada– para realizar el primer voto de una persona negra en el condado. Tres hombres blancos con escopetas estaban sentados mirándolo, pues se suponía que los negros no votaran y ellos estaban allí para hacer cumplir esta ley acostumbrada. Mi padre votó por Roosevelt y el “New Deal” que él esperaba también se aplicaría a la población negra.

Desciendo de una línea de gente que eligió vivir o morir de pie. Mi cuarta abuela se vio forzada a caminar encadenada desde un barco esclavista en Virginia y llevó con ella a dos pequeños niños que quizás no fueran suyos hasta Georgia central. Allí la forzaron a trabajar para gente extraña, pálida, que a ella solo pudieron parecerle demonios. Fue entregada como regalo de bodas a una joven pareja de recién casados cuando tenía una avanzada edad; la historia de este acontecimiento es un misterio hasta este día. Todo lo que sabemos es que ella vivió lo suficiente para enterrar a toda esa gente y que es a ella a quien se recuerda.

Mis tías y tíos aprendieron oficios  —sastres, albañiles, constructores de casas—, lo que fuera que estuviera permitido a la gente negra y criaron a sus niños en hogares estables e incluso con cierto confort, mientras que el mundo blanco más allá de su vecindario procuraba constreñirlos en rincones tan minúsculos que para la mayoría de los “ciudadanos” de los lugares donde vivieron, ellos ni existían.

¿Cómo sobrevivir una dictadura? Eso es lo que gran parte del resto del mundo ha tenido que aprender. Nuestro país ha impuesto esta condición a tantos lugares y gente por todo el mundo que resulta ingenuo imaginarse que la evitaríamos. ¿Además, los aborígenes americanos y los afro-americanos descendientes de esclavos no se percatan de que nunca han vivido en otra cosa que en una dictadura?

En estas elecciones realmente no teníamos una opción sana, como se dice en un anuncio para algo que recuerdo vagamente. O, como dice un amigo: “la ‘opción’ era entre el desastre y la catástrofe.” Si esto lo desconcierta, aquí está el siguiente paso de mi consejo: Estudie. Realmente intente comprender a la gente por la que usted está votando. ¿Qué hacen cuando no le están sonriendo en espera de su voto? Estudie tenaz, profundamente, antes de que se cierre Internet, antes de que desaparezcan los libros. Conozca su historia y las formas en que la han mantenido oculta de usted. Comprenda cómo los políticos por los que usted vota comprenden su historia mejor que usted; algo que los ayuda a manipular a sus generaciones. Es nuestra ignorancia la que nos hace esperar que alguien a quien elegimos hará todo el trabajo mientras conducimos hasta el supermercado. Olvídese de este comportamiento como si fuera un sueño. Lo era. De cierta manera, muchos de nosotros encontraremos, quizás para nuestro asombro, que realmente no hemos vivido hasta este momento.

Nuestra sorpresa, nuestro choque, nuestra cólera, todo ello apunta a lo profundamente dormidos que estábamos.

Esto no es una lamentación. Es un consejo. Es decir: Podemos despertar totalmente. La mejor seña de ello será cómo tratemos a cada ser que se cruce en nuestro camino. Porque el cambio verdadero es personal. El cambio dentro de nosotros mismos expresado en nuestra voluntad de oír a y tener paciencia con el “otro”. Juntos avanzamos. La ira, el señalar con el dedo, el desear que cada uno hubiera hecho exactamente lo que uno hizo, nada de esto ayuda a aliviar nuestro dolor. Ahora estamos aquí. En este intimidante y, para algunos, bastante nuevo y nunca imaginado lugar. ¿Qué hacemos con nuestro miedo?

¿Nos volvemos contra otros o hacia otros? ¿Compartimos nuestro despertar o solo nuestra desesperanza?

La elección es nuestra.

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