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Fidel Castro:  Compassionate Revolutionary

Copyright© 2016 by Alice Walker

(For a book to be presented to Fidel this week honoring his birth.)

Fidel Castro is the most extraordinary person I have encountered, whether in real life, history, or fiction.  It is a gift to have been born in his time and to witness his nerve, intelligence, audacity, and wit.  He is a revolutionary in feeling as well as in thought.

There is a thrilling backstory to how I came to “meet” Fidel, but I will not go into it here:  but there I was, years ago, when I was eighteen, traveling in a quaint wood paneled train deep inside the Crimea, while reading his absorbing book HISTORY WILL ABSOLVE ME on how and why he became a revolutionary.  It is a compelling record of his endeavor to free his people from a crushing dictatorship, written shortly before he was captured and put on trial for doing so.

I recognized him immediately – as I read across endless, often quite spectacular, miles of Russia (the old Soviet Union) – as a leader, a teacher, but more importantly as a friend and brother.  He was so brave, so focused, so ready for whatever his captors threw at him.  Would he be exiled?  Would he be executed?  Brutally tortured and murdered in prison as many of his friends and co-revolutionaries were?  He stood before his accusers and defended his actions to overthrow Batista’s brutal regime, and he had written his reasons for doing so in the book I was basically devouring all the way across the Soviet Union into Czechoslovakia and Eastern Germany.

Who was this man whose mother was a cook for a wealthy landowner whom she later married?  I have never known enough about her, though I wonder if it was not her life as a poor woman that imprinted the urge to revolt in the heart of her son.  In any case it would be years before I met Fidel Castro, after following his revolutionary journey, along with that of Che Guevara, for two decades.  I read everything I could find about the Cuban revolution, and felt I understood the need for a peasant uprising and restructuring of society (having descended from abused sharecroppers -themselves descendents of enslaved Africans – in the United States).

Meeting Fidel years after reading HISTORY WILL ABSOLVE ME and seeing him still on his feet, courteous and smiling and yes, talking quite a lot, was one of the great joys of my life.  That he was alive.  That he was still standing.  That he still stood, fearlessly, among his people.  Bringing them food and medicine and education and a belief that they deserved to have the fruits of their labor, not just licks of sweat trailing down from their beasts of burden-like brows.

Though my other beloved teacher and brother, Martin Luther King, was alive and leading us, I realized most of the other “Fidels” of my world had been or were being disappeared, whether in Asia, Africa, the Caribbean, or elsewhere.  But somehow Fidel – “Faithful” – had survived.  And he was so large and tall too, I thought, musing as poets do on conundrums:  how had the enemies of revolution missed so large a target?  And, even more fascinating to contemplate: how had Fidel managed to evade assassination hundreds of times?

I have admired and loved Fidel Castro since 1959, when he and his companions came down from the mountains to attempt to fashion a new society for their people.  There was Fidel, there was Celia, there was Che, there was Camilio, and so many others who loved humanity and could not bear to see it starving and in rags, humiliated endlessly in its ignorance and poverty.  Beaten, murdered or imprisoned for being desperate and poor. These impoverished hordes represented my own ancestors too, grandparents, parents, and far too many of my living kin.

Compassion is the best response to the suffering of humanity – a compassion that acts to end it.  This is the truest definition, too, of real revolution. As it should be of real religion. Che knew this.  So does Fidel.

If we also know this, it is because we have received the wisdom and example of extraordinary teachers.  Chief among them, Fidel Castro.

 

Now Fidel is ninety years old.
He will not care what we think of him.
I like to believe he is that free.
But for us, it is a point of honor to say
that we have witnessed the flourishing
of a great sheltering tree
that would protect the world
should the world
throw off its fear
 and rise
beneath its branches;
a tree rooted
not in ideology
but in human courage
soul and heart.
 
The way is dark
it is as if the world is going backward
into all its  previous mistakes;
but optimism based on
our intelligence
as a species
must be our guide.
 
We have nothing
but a dreary rerun
of a bloody fascist past
to lose.
 
And everything to gain
if we refuse.
 
We can, must, and will create a better world.
 
Podemos vencer siempre,
(We can always win), if we choose.

***

Fidel Castro: un revolucionario compasivo

Copyright© 2016 Alicia Walker

Fidel Castro es la persona más extraordinaria que he conocido, bien sea en la vida real, en la historia o en la ficción. Es un regalo haber nacido en su época y ser testigo de su coraje, inteligencia, audacia e ingenio. Él es un revolucionario tanto en el sentimiento como en el pensamiento.

Hay una emocionante historia de cómo llegué a “conocer” a Fidel, pero no contaré esta aquí: pero allí estaba yo, tiempo atrás, cuando tenía dieciocho años, viajando en un pintoresco tren de paneles de madera hacia el interior de Crimea, mientras leía su absorbente libro La Historia Me Absolverá sobre cómo y porqué se hizo revolucionario. Es un convincente resumen de su esfuerzo por liberar a su pueblo de una dictadura aplastante, escrito poco antes de que lo capturaran y lo llevaran a juicio por hacer esto.

Lo identifiqué inmediatamente ―mientras leía a través de interminables, a veces espectaculares, millas de Rusia (la vieja Unión Soviética) ― como líder, maestro, pero más importantemente como un amigo y hermano. Él era muy valiente, muy determinado, muy preparado para lo que sus captores le reservaran. ¿Lo exilarían a él? ¿Lo ejecutarían? ¿Sería salvajemente torturado y asesinado en la prisión como tantos de sus amigos y compañeros revolucionarios? Él se enfrentó a sus acusadores y defendió sus acciones para derrocar el régimen brutal de Batista; había escrito sus motivos para hacerlo así en el libro que yo devoraba en todo el trayecto por la Unión Soviética hacia Checoslovaquia y Alemania del Este.

¿Quién era este hombre cuya madre era cocinera de un rico terrateniente con el que ella se casó después? Nunca he sabido bastante sobre ella, aunque me pregunto si no fue su vida de mujer pobre la que imprimió el impulso de rebelarse en el corazón de su hijo. En cualquier caso eso fue años antes de que yo conociera a Fidel Castro, después de seguir su trayectoria revolucionaria, junto con la del Che Guevara, por dos décadas. Leí todo lo que podría encontrar sobre la revolución cubana y sentí que entendía la necesidad de una sublevación campesina y una reestructuración de la sociedad (siendo descendiente de aparceros abusados ―ellos mismos descendientes de africanos esclavizados― en los Estados Unidos).

Conocer a Fidel después de leer La historia me absolverá y todavía verlo erguido, cortés, sonriente y hablando, sí bastante, fue una de las grandes alegrías de mi vida. Que estaba vivo. Que todavía estaba en pie. Que todavía se mantenía sin temor en medio de su pueblo. Trayéndole comida y medicina y educación y la idea de que merecen tener el fruto de su trabajo, no apenas lamer el sudor que corre de sus frentes como de bestias carga.

Aunque mi otro maestro y hermano, Martin Luther King, estaba vivo y nos guiaba, me percataba de que la mayoría de los otros “Fideles” de mi mundo habían desaparecido o lo estaban siendo, bien fuera en Asia, en África, el Caribe, u otra parte. Pero de algún modo Fidel ―”fiel”― había sobrevivido. Y él era tan grande, y alto además, que pensé, cavilando como hacen los poetas con los enigmas: ¿cómo es que los enemigos de la revolución han fallado un blanco tan grande? Y, aun más fascinante de considerar: ¿cómo había conseguido Fidel evadir el asesinato cientos de veces?

He admirado y amado a Fidel Castro desde 1959, cuando él y sus compañeros descendieron de las montañas para intentar conformar una nueva sociedad para su pueblo. Estaba Fidel, estaba Celia, estaba el Che, estaba Camilo y tantos otros que amaban a los seres humanos y no podían soportar verlos morir de hambre y en harapos, infinitamente humillados en su ignorancia y pobreza. Golpeados, asesinados o encarcelados solo por ser desesperados y pobres. Estas multitudes empobrecidas representaban a mis propios antepasados también, a abuelos, padres, y muchos otros de mis parientes vivos.

La compasión es la mejor respuesta al sufrimiento de la humanidad ―una compasión que actúa para ponerle fin. Ésta es la definición más verdadera, también, de la revolución verdadera. Como debe serlo de la religión verdadera. Che sabía esto. Igual lo sabe Fidel.

Si también sabemos esto, es porque hemos recibido la sabiduría y el ejemplo de maestros extraordinarios. Principal entre ellos es Fidel Castro.

 

Ahora Fidel tiene noventa años.
No le importará lo que pensamos de él.
Me gusta creer que es así de libre.
Pero para nosotros, es un asunto de honor decir
que hemos presenciado el florecimiento
de un gran árbol refugio
que protegería al mundo
si el mundo
arrojara su miedo
 y se alzara
bajo sus ramas.
 
Un árbol arraigado
no en la ideología
sino en el valor humano
el alma y el corazón.
 
El camino es oscuro.
Es como si el mundo caminara hacia atrás
Hacia todos sus errores pasados;
pero el optimismo basado
en nuestra inteligencia
como especie
debe ser nuestra guía.
 
No tenemos nada
que perder
sino la sombría repetición
de un sangriento pasado
fascista.
 
Y tenemos todo por ganar
si lo rechazamos.
 
Podemos, tenemos y crearemos un mundo mejor.
Podemos vencer siempre si lo decidimos..
 
26 de julio de 2016

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