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Papa Hemingway In Cuba

New film!

If I were still teaching writing I would gather my entire class in my arms and take them to see PAPA HEMINGWAY IN CUBA.  Writing is such a lonely, sometimes terrifying pursuit.  And there is often so much misrepresentation of it.  This film, like Hemingway himself, is blunt and true, and I was reminded, watching it, how much, as a young writer, I learned from him.  Economy of both thought and expression, the necessity of writing nothing, not one thing, that rings false, or is false.  The complete indifference to whatever glorious diversion might obstruct the path to purity of effort.  Then, to see the side of his life that chronicles some of the cost of pursuing the creation of his monumental gift, some of the wrong turns, the embrace of the false in other areas of his life – with his women and his wives, for instance; what a sad but so human revelation.

I fell in love with Cuba and the Cuban people at about the time Hemingway was leaving his secluded paradise there.  He was almost sixty, and would commit suicide very soon; I was sixteen, and suicidal about American racism and injustice. I used to wonder, on my visits to Cuba – usually to do work in defense of the people’s health and wholeness – why he was so universally admired there.  I hadn’t realized he was part of the revolution against the dictator Batista, or that he was at odds with his own government’s spies in the United States.  This film made sense for me of who he was and on which side of that struggle he had stood.  With the Cuban revolutionaries I was happy to learn.  And that this passion was connected to his earlier involvement in the civil war in Spain.

It is an intense film:  I wept at the mowing down of unarmed students:  my study of Cuban resistance has been so thorough for so many decades I feel I understand these rebels completely. Such good people, I murmured, as they were executed like dogs by those in power, whose humanity had long since been replaced with contempt for anyone with the courage to rise  - in even very poorly armed resistance- against the brutal and terrorizing colonialist regime that sucked the life blood from them.

Americans of the United States have been kept in ignorance about some of the best, most decent, human beings this planet has spawned.  Cuban revolutionaries. This should be seen as a crime against our humanity.  Still, to know that someone I admired for courage and craft, if not for sexism and heavy drinking, stood with people he felt were worth risking his own life, makes a breeze ruffle the often imagined, redesigned and peaceful flag of our country that so many of us carry in our hearts, that may one day unfurl for all of us.

 

Hemingway en Cuba, Alice Walker website, 2016

Papa Hemingway en Cuba

¡Un nuevo filme! 


Si todavía estuviera enseñando escritura creativa reuniría a todos mis alumnos en mis brazos y los llevaría a ver Papa Hemingway en Cuba. Escribir es un empeño muy solitario, a veces aterrador. Hay con frecuencia una indebida comprensión de esto. Este filme, como el mismo Hemingway, es franco y verdadero. Recordé, al verlo, lo mucho que, siendo escritora joven, aprendí de él: la economía tanto de pensamiento como de expresión, la necesidad de no escribir nada, ni una sola cosa, que suene o sea falsa; la total indiferencia hacia cualquier desvío maravilloso que pueda obstruir el sendero a la pureza de esfuerzo. Además, ver el lado de su vida que relata algunos de los costos de perseguir la realización de su don monumental, algunos de los giros erróneos, el abrazo de lo falso en otras áreas de su existencia –con sus mujeres y sus esposas, por ejemplo. 
¡Qué triste pero humana revelación!

Me enamoré de Cuba y los cubanos aproximadamente por la época en que Hemingway vivía su aislado paraíso allí. Tenía casi sesenta años y pronto se suicidaría. Yo tenía dieciséis y me sentía suicida por el racismo y la injusticia norteamericanos. Solía preguntarme, en mis visitas a Cuba –usualmente para trabajar por la salud y la integridad de la gente- el por qué era él tan generalmente admirado allí. No sabía que él fue parte de la revolución contra el dictador Batista ni que estaba enfrentado con los espías de su propio gobierno en Estados Unidos. Este filme me hizo comprender quién era él y de qué lado de la lucha se había puesto. Con los revolucionarios cubanos, me alegré de saberlo. Y que esta pasión estaba relacionada con su temprano involucramiento en la Guerra Civil de España.

Es un filme intenso: lloré ante la matanza de estudiantes desarmados. Mi estudio de la resistencia cubana ha sido tan minucioso por tantas décadas que siento que entiendo a estos rebeldes por completo. Esas buenas personas, murmuré mientras eran asesinados como perros por aquellos en el poder, cuyo humanismo hacía mucho que había sido sustituido por desprecio hacia cualquiera que tuviera el valor de alzarse –incluso en una resistencia muy pobremente armada- contra el  brutal y aterrador régimen colonialista que les chupaba la sangre.

Los americanos de los Estados Unidos han sido mantenidos en ignorancia acerca de algunos de los mejores y más decentes seres humanos que este planeta ha producido, los revolucionarios cubanos. Esto debiera verse como un crimen contra nuestra humanidad. Sin embargo, conocer que alguien a quien admiré por su valentía y su arte, si bien no por su sexualidad y su alcoholismo, se puso del lado de las personas que él pensó que valía la pena arriesgar su propia vida, hace que una brisa agite la frecuentemente imaginada, rediseñada y pacífica, bandera de nuestro país que tantos de nosotros llevamos en nuestros corazones, para que un día se despliegue para todos nosotros.

 

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