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Airline Workers At JFK, LaGuardia To Go On 24-Hour Hunger Strike For Higher Wages

by Emma Whitford in  on Nov 24, 2015 12:10 pm

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BAD NEWS ABOUT GOOD PEOPLE

It is always sad to hear bad news about good people.  I’m over seventy and it still makes me feel like crying.

In the morning I am scheduled to fly to New York City for the opening of The Color Purple on Broadway. It is based on my novel of the same name that I wrote over thirty years ago.  I am scheduled to fly a plane owned by JetBlue.

I’ve always liked JetBlue, I thought the company stood for something more egalitarian, cheaper, more humanity conscious than other airlines.  I liked not having a special seat.  I liked not being served breakfasts and dinners; I liked instead to enjoy the peanuts and those great blue potato chips.

Now I learn, on the morning before I leave San Francisco for New York, that a company that JetBlue contracts to supply the labor used to clean the planes is refusing to pay the women and men involved $15 dollars an hour.  That these people, who make sure my seat and the area around me are clean and fresh whenever I board the plane, are being paid starvation wages, is shocking. Nobody can be expected to make ends meet on less than $10 an hour.  Certainly not on as little as $6.75.

How can any of us who fly let this be?  What can be done about it?

I think that first, we have to recognize the resistance to offering workers a minimum wage of $15 an hour as a remnant of the system of outright enslavement of poor people, whatever their ethnicity or color.

What is the root of this desire to impose such suffering on people who work so hard just to live?

For humanity to evolve we must find out, and change our ancient programming.

In the meantime, what must I do?  My first impulse was to stay home and not fly out to NYC tomorrow.  But I love the people who have put their hearts and souls into making this new version of The Color Purple Musical a tremendous offering of hope and solidarity for the world.

I rarely mention the names of “celebrities” because the culture so frequently misunderstands what true celebration means.  And it is not all our fault.  We have too often been programmed away from what is most nourishing in us and in our creations.  But an enduring thought was to write this note of praise to the musicians who magically pulled beautiful music from the soul of my novel:  Brenda Russell, Allee Willis, Stephen Bray.  Then there are the producers, Scott Sanders, a lovely, decent genius;  Roy Furman, always so staunch; Oprah, who brought over girls from her school in Africa to see the show on Thanksgiving day.  Reminding us that we as poor women -once poor we can always identity- who have never been paid enough still have much to be thankful for.  We can sit for a couple of hours and watch the bare, brilliant honing of the play by the not yet widely known in america Scottish director, John Doyle.  We can watch Cynthia Erivo and Jennifer Hudson slay a few of our inner demons as they find a way out of no way, to live and love in this unfathomably beautiful, if sorrowing, world.

I want to be there to hug them all, on opening night.  But also I want to hug all the women and men who have supported every single one of my many travels over this earth, as i’ve attempted to understand who we are, and how we are doing, as human beings, and why we have a right to live in peace and comfort on this planet.

I don’t understand greed, except as an illness.  Or stinginess.  How can people who make billions of dollars that they hide in vaults all over the place refuse to allow poor people to organize enough to demand a living wage? (And here I am of course speaking of the 1% in general).

We must pray for these people, however that comes to you. They have missed the boat on what is important in this realm.  But we must, as the airline sisters and brothers are doing, stand up to them.  If all we can accomplish is a public exposure of the shameful smallness and tightness of heart we encounter when employed by them, then let that be our activity and our goal.

I will always love people who stand up for their lives, which are, beyond imagining, precious. And I am thankful that I am a writer with the ability to add witness through words when I am unable to present my physical presence, as I have been invited to do by the airline workers who are protesting the injustice of their plight, or are on strike.

Let us be in solidarity with anyone who struggles to end suffering and know that to do so means we live in eternal safety, even when the path is dangerous, because we are living in the heart.

Alice Walker

- Washington Post: Airport workers at 7 U.S. hubs to strike Wednesday night

- Gothamist: JetBlue Aircraft Cleaners Demand Better Protection From Bodily Fluids, And A Living Wage

Written in haste, to catch the plane and see the wonderful The Color Purple Musical Revival, this piece had many errors which I have now, I hope, corrected fully!

MALAS NOTICIAS SOBRE BUENAS PERSONAS
© Alice Walker, 8 de diciembre de 2015

Siempre es triste oír malas noticias sobre buenas personas. Paso de los setenta y todavía me hace sentir con deseos de llorar.

Por la mañana tengo programado volar a la ciudad de Nueva York para el estreno del musical El Color Púrpura en Broadway. Está basado en mi novela de igual nombre, la que escribí hace más de treinta años. Está previsto que vuele en un avión perteneciente a la compañía JetBlue.

Siempre me ha gustado Jet Blue. Pensaba que la compañía apostaba por algo más igualitario, barato y humanamente sensible que otras aerolíneas. Me gustaba no tener un asiento especial. Me gustaba que no me sirvieran desayunos ni comidas. Me encantaba darme un festín con maní y las fabulosas papas fritas azules.

Ahora me entero, en la mañana antes de partir de San Francisco con rumbo a Nueva York, de que una compañía que Jet Blue contrata para facilitar los trabajadores que hacen la limpieza de los aviones se niega a pagar a las mujeres y hombres implicados 15 dólares por hora. Estas personas que se aseguran de que mi asiento y el área a mi alrededor estén limpios y frescos cada vez que abordo el avión están recibiendo jornales de hambre, lo cual es vergonzoso. No se puede esperar que alguna persona cubra los gastos de su vida diaria con menos de 10 dólares la hora. Realmente no con tan poco como 6.75 dólares.

¿Cómo podemos algunos de los que usamos estos vuelos permitir esto? ¿Qué se puede hacer al respecto?

Pienso que, primero, tenemos que reconocer la resistencia a ofrecer a los trabajadores un jornal mínimo de 15 dólares la hora como un rezago del sistema de absoluta esclavitud de los pobres, independientemente de su etnia o color.

¿Cuál es la raíz de este deseo de imponer tal sufrimiento en personas que trabajan tan duro solo para vivir?

Para que la humanidad evolucione debemos investigar y cambiar nuestro viejo programa.

Mientras tanto, ¿qué debo hacer? Mi primer impulso fue quedarme en casa y no volar a Nueva York mañana. Sin embargo quiero a la gente que ha puesto cuerpo y alma en hacer de esta nueva versión musical de El Color Púrpura una tremenda ofrenda de esperanza y solidaridad para el mundo.

Raras veces menciono los nombres de “celebridades” porque el medio cultural demasiado frecuentemente malinterpreta lo que una celebración verdadera significa y no todo es culpa nuestra. Hemos sido programados con demasiada frecuencia alejados de lo que es más sustancioso en nosotros y en nuestra obra. Mas una idea duradera fue escribir esta nota de elogio para los músicos que con magia extrajeron hermosa música del alma de mi novela: Brenda Russell, Allie Willis y Stephen Bray. Luego están los productores: Scout Sanders, un genio encantador y decente; Roy Furman, siempre tan devoto; Oprah, quien trajo niñas de su escuela en África a que vieran el espectáculo en el Día de Acción de Gracias, recordándonos que nosotras, como mujeres pobres –una vez que somos pobres siempre podemos identificarnos- a quienes nunca se les ha pagado lo suficiente, tenemos mucho que agradecer. Podemos sentarnos por un par de horas a ver la escueta, brillante puesta a punto de la obra del dramaturgo escocés John Doyle, aun no ampliamente conocido en EE.UU. Podemos ver a Cynthia Erivo y Jennifer Hudson matar algunos de nuestros demonios internos en la medida en que hallan una salida de donde no la hay para vivir en este incomprensiblemente hermoso, aunque angustioso, mundo.

Quiero estar allí para abrazarlos a todos la noche del estreno. Pero también quiero abrazar a las mujeres y hombres todos que han apoyado cada uno de mis muchos viajes por esta Tierra, mientras he intentado comprender quiénes somos y el modo en que vivimos como seres humanos y el por qué tenemos derecho a vivir en paz y desahogo en este planeta.

No comprendo la avaricia o la tacañería, excepto como una enfermedad. ¿Cómo pueden personas que hacen miles de millones de dólares que esconden en bóvedas por todas partes negarse a permitir que los pobres se organicen debidamente para exigir un jornal de vida? (Y aquí estoy hablando, por supuesto, del 1 % en general.)

Debemos orar por estas personas, de cualquier modo en que se les ocurra. Ellos han perdido la embarcación de lo que es importante en este reino. Sin embargo nosotros debemos, como lo están haciendo las hermanas y hermanos de la aerolínea, hacerles frente. Si todo lo que podemos lograr es exponer públicamente la vergonzosa pequeñez y miseria de corazón que encontramos cuando ellos nos emplean, que esa sea nuestra actividad y nuestra meta.

Siempre amaré a las personas que luchan por sus vidas, las que son, más allá de lo imaginable, valiosas. Y estoy agradecida de ser una escritora con la habilidad de agregar mi testimonio mediante las palabras cuando no puedo hacerlo con mi presencia física, como he sido invitada hacerlo por los trabajadores de la aerolínea que están protestando contra lo injusta de su situación o que están en huelga.

Solidaricémonos con cualquiera que luche por terminar el sufrimiento y para saber que hacerlo significa que vivamos en seguridad eterna, aun cuando el camino sea muy peligroso, porque estamos vivos en nuestros corazones.

 

Alice Walker

 

Escrito apresuradamente, antes de abordar el avión para ver la maravillosa reposición del musical El Color púrpura, este texto tenía muchos errores que, espero, los haya corregido totalmente.

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