NAACP Julius Rosenwald posted to Alice Walker Website Sept 18 2015

ROSENWALD   A FILM BY AVIVA KEMPNER 

Friends tell friends, otherwise how would we know?  An old friend recently breezed back into my life to fly me away from a couple of scary cliffs, and told me about Rosenwald, the new film about the Jewish philanthropist, merchant, and co-owner of Sears Roebuck, who during the 1920s and 30s was a legend among black people in the South.  Why? Because he was the force behind thousands of schools built for black children all over that part of the world.  In fact, for all I know, he may have inspired the very school my parents and our neighbors built that was burned to the ground by local whites.

Working with Booker T. Washington of Tuskegee Institute until his death, Julius Rosenwald helped black communities build over 5000 schools.  He provided $25,000 per school, the black community raised another $25,000, and the final $25,000 was raised among whites with the funds and vision to encourage education among descendents of enslaved people on whose stolen lives their own prosperity rested.  A brilliant plan that worked!

Local black people built by hand every single school.  And, as happened in my own community, before I was born, whenever one was burned down, they built another.

We watched the film in a theatre with six or seven other people.  This raises the question: how to make sure enough people see a film that holds the answer to a pressing social problem?  In this case, our disgraceful public schools.  Why not follow the lead of these great men and women and build and run our schools ourselves?

We have done it in the past, we can do it again.

We don’t want jails for our children, we want light and air, places to dream and play, great teachers, safety all day long, people around every corner of the grounds and buildings smiling at them!  Or even frowning, but in a loving way! (You will love what Maya Angelou says about this).  Angelou’s is one of many emphatic, truthful, thoughtful voices in this film. There’s Julian Bond,  Ben Jealous, Rita Dove, John Lewis, and artists and poets and musicians and painters and dancers…. We get to hear Marian Anderson singing! (She is gorgeous.  Imagine how envious those Daughters of the American Revolution – a laughable notion in itself, really – must have been of her).

Meanwhile, rest in the serene compassion of Julius Rosenwald’s eyes.  See how a rich person can become even richer by giving to others.  It turned out that by the end of his life, Rosenwald felt his time of building schools for black children, and hanging out with his new black buddies in the South, was among the finest of his life.

But also: see this film for the incredible beauty of black people.  That special spark of joy and openness, and even great posture, that seems to have gone with the wind.  To our sorrow! (Those of us who even remember it).  There is footage here I never knew existed.  Delight in how beautiful white people can be too when they are truly our friends and despite the consequences, which can be dire, determine to hazard the good if dangerous time of standing with us.

This page may need editing.  I am publishing it now because, depending on location,  this film may vanish from theaters before it is properly honored.

See film schedule after Spanish translation below.

 

ROSENWALD, UN FILME DE AVIVA KEMPNER

Los amigos le cuentan a los amigos, de otro modo ¿cómo podrían saber? Una vieja amiga reapareció campantemente en mi vida para alejarme de un par de intimidantes acantilados y me contó sobre Rosenwald, el reciente filme acerca del comerciante y filántropo judío, codueño de Sears Roebuck, quien durante los 1920s y 1930s se convirtió en una leyenda entre las personas negras del Sur. ¿Por qué? Porque él era la fuerza detrás de la construcción de miles de escuelas para niños negros en esa parte del mundo. De hecho, por lo que sé, debe haber inspirado la propia escuela que construyeron mis padres y nuestros vecinos luego quemada totalmente por blancos del lugar.

Trabajando conjuntamente con Booker T. Washington del Instituto Tuskegee hasta su muerte, Julius Rosenwald ayudó a las comunidades negras a construir más de 5 000 escuelas. Proporcionó $25,000 por escuela, la comunidad negra reunió otros $25,000 y los últimos $25,000 se recaudaron entre blancos con los dineros y la visión para estimular la educación entre descendientes de las personas esclavizadas sobre cuyas vidas robadas se había alzado su propia prosperidad. ¡Un plan brillante que funcionó!

Los negros de cada lugar levantaron a mano cada escuela. Y, tal como sucedió en mi propia comunidad, antes de yo nacer, cada vez que quemaban una, ellos construían otra.

Vimos el filme en un cine junto con otras seis o siete personas. Esto suscita la pregunta de cómo asegurar que suficiente gente vea una película que plantea una respuesta para un problema social apremiante. En este caso, nuestras vergonzosas escuelas públicas. ¿Por qué no seguir el ejemplo de estos grandes hombres y mujeres y construimos y dirigimos nuestras escuelas nosotros mismos?

Lo hemos hecho en el pasado y lo podemos volver a hacer.

No queremos cárceles para nuestros hijos, queremos luz y aire, lugares para soñar y jugar, buenos maestros, seguridad todo el día, ¡personas que les sonrían en cada esquina de los terrenos y edificios! O incluso les frunzan el ceño, ¡pero de forma amable! (A ustedes les gustará lo que Maya Angelou dice al respecto). La de Angelou es una de las muchas voces enérgicas, sinceras, preocupadas en este filme. Ahí están Julian Bond, Ben Jealous, Rita Dove, John Lewis, junto a artistas, poetas, músicos, pintores y bailarines. ¡Llegamos a oír a Marian Anderson cantando! (Ella es maravillosa. Imaginen cuán envidiosas deben haber estado aquellas Hijas de la Revolución Americana, una noción risible en sí misma.)

Mientras tanto, deténganse en la compasión serena en los ojos de Julius Rosenwald. Vean cómo una persona rica se vuelve aun más rica al darle a los otros. Sucedió que, hacia el final de su vida, Rosenwald sintió que el tiempo que pasó construyendo escuelas para los niños negros y compartiendo con sus nuevos amigos del Sur se hallaba entre lo mejor de su vida.

Pero además vean este filme por la increíble belleza de las personas negras. Esa chispa especial de alegría y franqueza, e incluso de gran postura, que parece habérsela llevado el viento. ¡Para nuestro pesar! (Aquellos de nosotros que incluso lo recordamos.)

Hay secuencias de película que jamás supe que existían. Es gozoso comprobar cuán bella le gente blanca puede ser cuando son verdaderamente nuestros amigos y, a pesar de las consecuencias, que pueden ser nefastas, deciden arriesgar lo bueno si llegan tiempos riesgosos por permanecer con nosotros.

Esta página puede necesitar corrección, La estoy publicando ahora porque, en dependencia del lugar, este filme puede desaparecer de los cines antes de que sea adecuadamente apreciado.

 

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