Alice Walker – Gather

 

Gather

©2014 by Alice Walker

for  Carl Dix and Cornel West

It is still hard to believe
that millions of us saw Eric Garner die.
He died with what looked like a half dozen
heavily clad
policemen
standing on his body, twisting and crushing
him
especially his head
and neck.
He was a big man, too.  They must have felt
like clumsy midgets
as they dragged him down.
Watching the video,
I was reminded of the first lynching
I, quite unintentionally, learned about:
it happened in my tiny lumber mill
town before the cows were brought in
and young white girls
on ornate floats
became dairy queens.
A big man too,
whom my parents knew,
he was attacked also by a mob
of white men (in white robes and hoods)
and battered to death
by their two by fours.
I must have been a toddler
overhearing my parents talk
and mystified by pieces of something
called “two by fours.”
Later, building a house,
i would encounter the weight,
the heaviness, of this varying length
of wood, and begin to understand.
What is the hatred
of the big black man
or the small black man
or the medium sized
black man
the brown man
or the red man
the yellow man
in all his sizes
that drives the white lynch mob
mentality?
I always thought it was envy:
of the sheer courage to survive
and ceaselessly resist conformity
enough to sing and dance
or orate, or say in so many outlandish
ways:
You’re not the boss
of me!
Think how many black men
said that:  “Cracker,* you’re not the boss
of me;”
even enslaved.  Think of how
the legal lynch mob
not so very long ago
tore Nat Turner’s body
in quarters
skinned him
and made “money purses”
from his “hide.”
Who are these beings?
Now we are beginning to ask
the crucial question.
If it is natural to be black
and red or brown or yellow
and if it is beautiful to resist
oppression
and if it is gorgeous to be of color
and walking around free,
then where does the problem
lie?
Who are these people
that kill our children in the night?
Murder our brothers in broad daylight?
Refuse to see themselves in us
as we have strained, over centuries,
to see ourselves in them?
Perhaps we are more different
than we thought.
And does this scare us?
And what of, for instance,
those among us
who collude?
Gather.
Come see what stillness
lies now
in the people’s broken
hearts.
It is the quiet force of comprehension,
of realization
of the meaning
of our ancient
and perfect
contrariness;
of what must now be understood
and done to honor
and cherish
ourselves:
no matter who
today’s “bosses”
may be.
Our passion and love for ourselves
that must at last unite
and free us.  As we put our sacrificed
beloveds to rest in our profound
and ample caring:
broad, ever moving, and holy,
as the sea.

*Cracker:  from the crack of the whip wielded by slave drivers.

Updated: December 14, 2014

 

Júntense
©2014 por Alice Walker

Para Carl Dix and Cornel West

Todavía es duro pensar
que millones de nosotros vimos morir a Eric Garner.
Murió con lo que parecía media docena
de policías
fuertemente equipados
parados junto a su cuerpo, torciéndolo y golpeándolo
especialmente en su cabeza
y cuello.
Era un hombre corpulento. Debieron sentirse
como torpes enanos
mientras lo arrastraban.
Al ver el video
recordaba el primer linchamiento
del que, casi involuntariamente, supe:
ocurrió en mi pequeño pueblo
con aserradero antes que trajeran las vacas
y jóvenes blancas
en adornadas camionetas
se volvieran reinas de lecherías.
Era igual un hombre enorme
a quien conocían mis padres,
lo atacó también una turba
de hombre blancos (con túnicas y capuchas blancas)
y lo mataron a golpes con
sus “dos por cuatro”.
Debo haber sido una bebita
que de pasada oyó a mis padres hablar
perplejos sobre algo que
llamaban “dos por cuatro”.
Después construyendo una casa
yo encontraría el peso,
la solidez de esta longitud variable
de madera y empezaría a entender.
¿Cuál es el odio hacia el alto hombre negro
o el pequeño hombre negro
o el mediano hombre negro
el hombre pardo
el hombre rojo
de todos los tamaños
que impulsa la mentalidad de la turba
de linchadores bancos?
Siempre pensé que era envidia
del genuino coraje para sobrevivir
y continuamente rechazar la conformidad
lo bastante como para cantar y bailar
y hacer discursos o decir en tan extrañas
formas:
¡Ustedes no son
mis dueños!
Piensen en cuántos negros
dijeron: “Cracker*, tú no eres
mi dueño”,
aun siendo esclavos. Piensen
en cómo la turba linchadora autorizada
hace tanto tiempo
desgarró el cuerpo de Nat Turner
en cuartos
lo despellejaron
e hicieron “monederos”
de su “cuero”.
¿Quiénes son estos seres?
Ahora empezamos a hacernos
la pregunta crucial.
Si es natural ser negro
o rojo o pardo
y es hermoso resistir
la opresión
y si es esplendido ser de color
y andar libremente,
entonces ¿dónde reside
el problema?
¿Quiénes son estas gentes
que matan nuestros hijos en la noche
y matan nuestros hermanos a plena luz del día?
¿Rechazan verse en nosotros
como nos hemos forzado, por siglos,
a vernos en ellos?
Tal vez seamos más diferentes
de lo que pensábamos.
¿Y esto nos asusta?
¿Y qué hay, digamos,
de aquellos nuestros
que actúan en connivencia?
Júntense.
Vengan a ver la calma
que hay ahora
en los rotos corazones
de la gente.
Es la quieta fuerza de la comprensión,
de la percepción
del sentido
de nuestra antigua
y perfecta
contrariedad,
de lo que ahora debe entenderse
y hacerse para honrarnos
y apreciarnos,
no importa quiénes
hoy puedan ser
los “jefes”.
Nuestra pasión y amor
por nosotros mismos
que debe finalmente
unirnos
y liberarnos. Mientras dejamos descansar
a nuestros sacrificados amados
en nuestro profundo
y amplio cariño:
inmenso, siempre móvil
y sagrado como el mar.

Cracker: por el chasquido, “crack”,  que producía el látigo de los que conducían a los esclavos. 

Traducio al Español por Mañuel Verdecia 


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