Sister Mama 

photo of Mrs. Eric Garner heartbroken at press statement alicewalkersgarden.com

Mrs. Eric Garner

Alice Walker – To the Po’lice

To the Po’lice
©2014 by Alice Walker

In case you are
wondering
the answer is yes:
you have hurt us.  Deeply.
Just as you
intended:
you and those
who sent you.
You do know by now
that you do not send
yourself?
I imagine your Designers
sitting back
in the shadows
laughing
as we weep.
Though usually devoid of feeling,
they are experiencing a sensation
they almost enjoy:
they get to witness, by twisted
enchantment, dozens
of strong black mothers
weeping.
They planned
and nurtured
your hatred and fear
and focused the kill shot.
Then watched you
try to explain
your innocence on TV.
It is entertainment for
them.  They chuckle and drink
Watching you squirm.
They have tied you up
in a bag of confusion
from which you
will never escape.
It’s true you are white, but you are so fucking poor,
and dumb, to boot, they say.
A consideration that turns
them pink
with glee.
(They have so many uses planned
for the poor, white, and dumb: you would be
amazed).
You and the weeping mothers
have more in common than you might think:
the mothers know this.
They have known you
far longer
than you have known them.  After centuries,
even those in the shadows, your masters,
offer little mystery.
If you could
find your true courage
you might risk everything
to sit within a circle, surrounded
by these women.  Their eyes red
from weeping, their throats raw.
(They might strike you too, who could swear
they wouldn’t?)
Their sons are dead
and it was you
who did the deed.
Scary enough.
But within that enclosure
Naked to their grief
Is where you must center
If you are ever
To be freed.

 
A la Policía
©2014 de Alice Walker

Si por casualidad
se están preguntando
la respuesta es: Sí
nos han herido. Profundamente.
Tal y como
pretendían:
ustedes y aquellos
que los mandaron.
¿Saben ustedes ya
que no actúan
por voluntad propia?
Imagino a sus dirigentes
sentados
a la sombra
riéndose
mientras lloramos.
Aunque normalmente faltos de sentimiento
están experimentando una sensación
que casi disfrutan:
consiguen presenciar, por torcido
encantamiento, docenas
de fuertes mujeres negras
llorando.
Ellos planearon
y nutrieron
el odio y el miedo de ustedes
y enfocaron el disparo de muerte.
Entonces los vieron a ustedes
tratando de explicar
su inocencia en la televisión.
Es entretenimiento para
ellos. Ríen y beben
viéndolos humillarse.
Los han atado a una
bolsa de confusión
de la cual
nunca escaparán.
Verdad que ustedes son blancos,
pero son tan jodidamente pobres
y tontos para echarlos, dicen.
Una consideración que los pone
rosados
de regocijo.
(Tienen tantas tareas planeadas
para los blancos pobres y tontos: ustedes
se asombrarían.)
Ustedes y las mujeres que lloran
tienen más en común de lo que imaginan:
las madres lo saben.
Ellas los han conocido
por mucho más tiempo
del que ustedes a ellas. Después de siglos
aun esos a la sombra, los amos suyos,
ofrecen muy poco misterio.
Si ustedes pudieran
hallar su real coraje
podrían arriesgarlo todo
para sentarse en círculo, rodeados
por estas mujeres. Los ojos de ellas rojos
de llorar, sus gargantas en carne viva.
(Ellas podrían golpearlos también, ¿quién puede
jurar que no lo harían?
Sus hijos están muertos
y son ustedes
quienes cometieron el hecho.
Bastante amedrentador.
Pero dentro de ese círculo
desnudos al dolor de ellas
es donde deben centrarse
si es que alguna vez
van a ser libres.

~  Traducción al español de Manuel García Verdecia

EARLIER POEM:

Alice Walker – Gather

 

Gather

©2014 by Alice Walker

for  Carl Dix and Cornel West

It is still hard to believe
that millions of us saw Eric Garner die.
He died with what looked like a half dozen
heavily clad
policemen
standing on his body, twisting and crushing
him
especially his head
and neck.
He was a big man, too.  They must have felt
like clumsy midgets
as they dragged him down.
Watching the video,
I was reminded of the first lynching
I, quite unintentionally, learned about:
it happened in my tiny lumber mill
town before the cows were brought in
and young white girls
on ornate floats
became dairy queens.
A big man too,
whom my parents knew,
he was attacked also by a mob
of white men (in white robes and hoods)
and battered to death
by their two by fours.
I must have been a toddler
overhearing my parents talk
and mystified by pieces of something
called “two by fours.”
Later, building a house,
i would encounter the weight,
the heaviness, of this varying length
of wood, and begin to understand.
What is the hatred
of the big black man
or the small black man
or the medium sized
black man
the brown man
or the red man
the yellow man
in all his sizes
that drives the white lynch mob
mentality?
I always thought it was envy:
of the sheer courage to survive
and ceaselessly resist conformity
enough to sing and dance
or orate, or say in so many outlandish
ways:
You’re not the boss
of me!
Think how many black men
said that:  “Cracker,* you’re not the boss
of me;”
even enslaved.  Think of how
the legal lynch mob
not so very long ago
tore Nat Turner’s body
in quarters
skinned him
and made “money purses”
from his “hide.”
Who are these beings?
Now we are beginning to ask
the crucial question.
If it is natural to be black
and red or brown or yellow
and if it is beautiful to resist
oppression
and if it is gorgeous to be of color
and walking around free,
then where does the problem
lie?
Who are these people
that kill our children in the night?
Murder our brothers in broad daylight?
Refuse to see themselves in us
as we have strained, over centuries,
to see ourselves in them?
Perhaps we are more different
than we thought.
And does this scare us?
And what of, for instance,
those among us
who collude?
Gather.
Come see what stillness
lies now
in the people’s broken
hearts.
It is the quiet force of comprehension,
of realization
of the meaning
of our ancient
and perfect
contrariness;
of what must now be understood
and done to honor
and cherish
ourselves:
no matter who
today’s “bosses”
may be.
Our passion and love for ourselves
that must at last unite
and free us.  As we put our sacrificed
beloveds to rest in our profound
and ample caring:
broad, ever moving, and holy,
as the sea.

 

*Cracker:  from the crack of the whip wielded by slave drivers.

Updated: December 14, 2014

 

Júntense

©2014 por Alice Walker

Para Carl Dix and Cornel West

Todavía es duro pensar
que millones de nosotros vimos morir a Eric Garner.
Murió con lo que parecía media docena
de policías
fuertemente equipados
parados junto a su cuerpo, torciéndolo y golpeándolo
especialmente en su cabeza
y cuello.
Era un hombre corpulento. Debieron sentirse
como torpes enanos
mientras lo arrastraban.
Al ver el video
recordaba el primer linchamiento
del que, casi involuntariamente, supe:
ocurrió en mi pequeño pueblo
con aserradero antes que trajeran las vacas
y jóvenes blancas
en adornadas camionetas
se volvieran reinas de lecherías.
Era igual un hombre enorme
a quien conocían mis padres,
lo atacó también una turba
de hombre blancos (con túnicas y capuchas blancas)
y lo mataron a golpes con
sus “dos por cuatro”.
Debo haber sido una bebita
que de pasada oyó a mis padres hablar
perplejos sobre algo que
llamaban “dos por cuatro”.
Después construyendo una casa
yo encontraría el peso,
la solidez de esta longitud variable
de madera y empezaría a entender.
¿Cuál es el odio hacia el alto hombre negro
o el pequeño hombre negro
o el mediano hombre negro
el hombre pardo
el hombre rojo
de todos los tamaños
que impulsa la mentalidad de la turba
de linchadores bancos?
Siempre pensé que era envidia
del genuino coraje para sobrevivir
y continuamente rechazar la conformidad
lo bastante como para cantar y bailar
y hacer discursos o decir en tan extrañas
formas:
¡Ustedes no son
mis dueños!
Piensen en cuántos negros
dijeron: “Cracker*, tú no eres
mi dueño”,
aun siendo esclavos. Piensen
en cómo la turba linchadora autorizada
hace tanto tiempo
desgarró el cuerpo de Nat Turner
en cuartos
lo despellejaron
e hicieron “monederos”
de su “cuero”.
¿Quiénes son estos seres?
Ahora empezamos a hacernos
la pregunta crucial.
Si es natural ser negro
o rojo o pardo
y es hermoso resistir
la opresión
y si es esplendido ser de color
y andar libremente,
entonces ¿dónde reside
el problema?
¿Quiénes son estas gentes
que matan nuestros hijos en la noche
y matan nuestros hermanos a plena luz del día?
¿Rechazan verse en nosotros
como nos hemos forzado, por siglos,
a vernos en ellos?
Tal vez seamos más diferentes
de lo que pensábamos.
¿Y esto nos asusta?
¿Y qué hay, digamos,
de aquellos nuestros
que actúan en connivencia?
Júntense.
Vengan a ver la calma
que hay ahora
en los rotos corazones
de la gente.
Es la quieta fuerza de la comprensión,
de la percepción
del sentido
de nuestra antigua
y perfecta
contrariedad,
de lo que ahora debe entenderse
y hacerse para honrarnos
y apreciarnos,
no importa quiénes
hoy puedan ser
los “jefes”.
Nuestra pasión y amor
por nosotros mismos
que debe finalmente
unirnos
y liberarnos. Mientras dejamos descansar
a nuestros sacrificados amados
en nuestro profundo
y amplio cariño:
inmenso, siempre móvil
y sagrado como el mar.

* Cracker: por el chasquido, “crack”,  que producía el látigo de los que conducían a los esclavos.

Traducio al Español por Mañuel Verdecia
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